Gru 3


Gru, mi villano favorito fue una agradable sorpresa animada en su día. No solamente jugaba con el rol de villano del protagonista sino que tenía buenos golpes de humor a cargo de los minions. La cosa mantuvo el nivel en la segunda entrega, en la que los minions ganaron protagonismo, tanto que pedían a gritos su propia película. Sin embargo, ésta no fue todo lo divertida que uno pudiera pensar, los dichosos personajillos amarillos ya empezaban a cansar y no daban juego como para ser los protagonistas absolutos. Como secundarios estaban muy bien pero un film basado exclusivamente en sus gracias me resultó excesivo. Ahora en esta tercera entrega de Gru, los minions han vuelto a su rol de secundarios aunque el trío protagonista ha cambiado. Se supone que Bob, Kevin y Stuart van a seguir protagonizando su propia franquicia mientras han sido sustituidos en la original por Mel, Tim y Carl. La verdad, no se nota demasiado el cambio.

Al lío, con Gru 3 esta franquicia empieza a mostrar evidentes signos de agotamiento. Se ha optado por la vía fácil, se profundiza en la peculiar familia formada por Gru, Lucy y sus tres hijas adoptivas mientras se sacan de la manga un secreto de familia: Gru tiene un hermano secreto: Dru. Todo ello aderezado con un nuevo villano de la función que resulta ser lo mejor del film (como debe ser todo villano que se precie): un Balthazar Bratt que es todo un homenaje a los años 80. Bratt es un perfecto ejemplo de niño famoso cuyo éxito no sobrevivió a la adolescencia, un juguete roto que nos puede recordar a muchos otros de la época.
Vale que la trama de Gru 3 no es muy consistente pero no procede ponerse quisquilloso a estas alturas. Los de Illumination Entertainment no son Pixar precisamente pero su trabajo es más que digno. Estamos hablando de cine de animación infantil en el que han sido lo suficientemente listos como para incluir guiños destinados a los padres. Todo lo referente a los años 80 (peinados, hombreras, música, bailes) me pareció muy bien planteado. Incluso hay un impagable homenaje a El retorno del Jedi. Nuestros hijos no pillan ciertas referencias a los años 80 pero los que crecimos en esa década las disfrutamos de lo lindo. Más allá de los guiños para adultos, el film es previsible, se deja ver y la animación es correcta aunque no aporta ninguna novedad. Me pareció especialmente divertida la escena de la entrada a la guarida del villano, pero el resto es bastante rutinario. Tampoco las canciones de Pharrell Williams aportan demasiado al film, lo intenta pero no hay en esta banda sonora ningún hit como aquel Happy de Gru 2. De lo que han hecho Morat con Álvaro soler me voy a callar para no herir sensibilidades. Respecto al doblaje, me sigue gustando Florentino Fernández como Gru aunque en su doblaje se haya perdido el acento germánico del personaje que Steve Carell sí aporta en la versión original. Por cierto, me sigue sin gustar el trabajo como dobladora de Patricia Conde, su voz no me acaba de convencer.


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Lo dicho, la franquicia empieza a perder fuelle pero nuestros hijos lo pasan en grande. De eso se trata, ¿no?

COMANCHERÍA (HELL OR HIGH WATER)


Seguimos repasando las películas candidatas a los Oscars 2017 aunque no tengan demasiadas posibilidades. Comanchería es la sorpresa de la temporada. Un film pequeño con pinta de independiente que con muy poco ruido se ha convertido en una de las mejores películas del año. Su estreno pasó por las salas con más pena que gloria, quizás debido a una casi inexistente promoción. El premio Un Certain Regard del Festival de Cannes y las cuatro candidaturas a los Oscars, incluida mejor película y Jeff Bridges como actor secundario, la avalan como una propuesta que bien vale la pena.

Comanchería es un thriller sobre dos parejas, una de hermanos atracadores de bancos y, en el otro bando, una pareja de rangers de Texas encargados de atrapar a los primeros. Estamos ante un western moderno con un exquisito gusto crepuscular. Los vaqueros del siglo XXI ya no tienen sentido, todo aquello del transporte de ganado a caballo pasó a mejor vida. Tampoco los indios son ya dueños de nada, excepto casinos. Ni siquiera los atracadores de bancos son vistos como villanos por el pueblo llano. Los verdaderos villanos son los bancos que han arrebatado al pueblo su dinero y su dignidad.  El guión de Taylor Sheridan presenta Texas como un lugar deprimido repleto de anuncios que evidencian los estragos de la crisis económica. Carteles de negocios que cierran y liquidación de deudas jalonan las calles de estos pueblos. Una pintada lo deja claro, “Tres turnos en Irak pero en casa no hay rescate”. Un claro ejemplo de cómo las autoridades han abandonado al americano medio, tanto que muchos de ellos ya no creen en el sistema y han decidido otorgar su voto a un anti-sistema como Donald Trump. Al menos Trump agitará el árbol, a ver qué cae. No creo que Comanchería sea un film a favor de Trump, la verdad, aunque sí explora el caldo de cultivo de sus votantes. Comanchería propone una certera visión del sur de EEUU: religión, mestizaje, racismo (“¿Por qué roban, si ni siquiera son mexicanos?” pregunta un personaje) y armas. La tenencia de armas lo complica todo, digan lo que digan Trump y sus votantes. Aquí los ciudadanos llevan armas y están dispuestos a usarlas para defenderse, pudiendo convertir un simple atraco en una masacre.

Ambas parejas antagonistas son interesantes y jugosas, si bien me quedo con el ranger de Texas interpretado magníficamente por el gran Jeff Bridges, quien está a punto de retirarse y disfrutar de su jubilación. Ese viejo cascarrabias irónico y sarcástico en extremo que no puede parar de soltar lindezas sobre el origen mejicano e indio de su estoico compañero (Gil Birmingham). Por otro lado, la pareja de hermanos ladrones formada por Chris Pine (Star Trek) y Ben Foster resulta bastante creíble. Son dos hermanos totalmente opuestos que se complementan a las mil maravillas en su peligroso maratón de atracos.

El británico David Mackenzie se empapa del polvo de Texas y nos entrega uno de los mejores ejemplos de western modernos. Sabe sacar partido a los puntos fuertes del guión, que son muchos y no estropea la historia con tontería ni rata al espectador de idiota. Tensas escenas de atracos, hay humor en los diálogos entre policías y cierta crítica social muy necesaria. Todo ello confluye en un duelo final memorable. Especial mención merece la banda sonora, formada por canciones de Jamey Johnson, Townes Van Zandt o Gillian Welch y música original compuesta por el gran Nick Cave y Warren Ellis


Lo dicho, un film muy recomendable.

7

Lion



Como casi todo en la vida, esto del cine es totalmente subjetivo y no hay dogmas que valgan.  Da igual lo mucho que creas saber, los miles de películas que hayas visto o los centenares de libros sobre cine que hayas leído. Lo que a una persona le emociona puede causarle urticaria a otra. De ahí la dificultad de comentar una película, todo es opinable. Personalmente, intento ser lo más objetivo posible en cuanto al apartado técnico y cosas más o menos cuantificables, pero no hay normas sobre las emociones. Si te entusiasmó Escuadrón suicida o lloraste a moco tendido con Transformers 3, pues muy bien, nada que objetar.
Dicho esto, debo dejar constancia de que Lion me gustó a a pesar de sus deficiencias. No me parece una gran película pero funciona. Es un eficiente drama en su primera parte (la de Saroo en la India) para flirtear con el tedio y la indefinición en su segunda parte. Sin embargo, no pude evitarlo. Lion me atrapó desde el principio y me exprimió el lacrimal a base de bien en su tramo final. Quizás se deba a que soy padre y estoy muy sensible con el tema de los niños. Reconozco que la parte del film que transcurre en la India me resultó muy estimulante. El film huye de los tópicos y los paisajes de postal para adentrarnos en lo más terrible de este inmenso y complejo país. Al igual que Slumdog millionaire (en la que también estaba Dev Patel), Lion funciona perfectamente como retrato de las miserias de los países en desarrollo. Sufrimos con el personaje, sentimos su desesperación y su nostalgia a través de los ojos del niño Sunny Pawar, simplemente arrebatador.  Reconozco que la historia real de Saroo me atrapó y me tuvo con el corazón en un puño. Ni siquiera la aparición de Nicole Kidman (disfrazada de persona normal sin bótox) consiguió romper el hechizo.

Es en la segunda parte cuando la emoción deja paso a la reflexión y el film pierde algo de fuelle. Cierto que la manera de buscar su hogar a través de la memoria y el tiempo gracias a Google Earth no deja de ser una interesante metáfora de cómo la tecnología puede ayudarnos a encontrarnos a nosotros mismos aunque la mayoría de las veces sirva para todo lo contrario. La historia no carece de interés, sigue siendo un drama aceptable  pero se pierde un poco por las ramas. El contraste entre la opulencia de los países ricos con la miseria de los emergentes se podría haber explotado más. Viendo el film uno se da cuenta de la suerte que tiene de vivir en esta parte del mundo. A pesar de las crisis de todo tipo, estamos a años luz del Tercer Mundo. Sin embargo, el drama de este joven en busca de sus orígenes se torna algo repetitivo y confuso. El tono del film muta hacia lo sentimental y sensiblero pero al menos no se recrea en vacuas escenas en busca de la lágrima fácil. Tampoco colabora demasiado a la historia la hierática actuación de Rooney Mara, esta chica me resulta inexpresiva casi siempre, la verdad. Ella solita se cargó a un personaje tan jugoso como Lisbeth Salander en Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres.



Lion no es un film perfecto, tiene fallos y carencias evidentes pero consigue su objetivo de emocionarnos. Al menos, a mí me emocionó y acabé en un mar de lágrimas.

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Moonlight


Moonlight es la historia de un aprendizaje. Y aprender no es más que imitar y repetir lo que hacen los que nos rodean. Así aceptamos las pautas de conducta de los demás y ello nos permite integrarnos en la sociedad a la vez que definimos nuestra propia personalidad.  Moonlight va de eso, de intentar encajar en el Miami humeante de crack de los años 80 y 90.
Nacido en una familia desestructurada y en un  entorno hostil de droga y violencia,  el niño Chiron se recluirá en sí mismo ante las adversidades de la vida. Todo el mundo lleva una máscara y parece actuar de forma competitiva y violenta, pero Chiron no es así. Juan (Mahershala Ali) un narcotraficante de poca monta, cree verse reflejado en este joven chico, le protegerá y será un ejemplo para Chiron. Pero nada las figuras paternas no son perfectas, ni mucho menos, en la vida real. Ya de adolescente Chiron se convierte en objetivo fácil de abusones. Chiron no encuentra su sitio en esta jungla urbana, no tiene unos referentes paternos válidos y debe buscar su propio camino en solitario. También aprenderá que los golpes más dolorosos vienen siempre de los que más te quieren.
Chiron acaba aceptando (a base de golpes y sangre) su falso rol de macho alfa en la sociedad. Ya convertido en adulto, Chiron vive detrás de una máscara, un apodo y una masa de músculos. Chiron decide mutilar sus sentimientos para sobrevivir. Pero su verdadero yo sigue enterrado dentro de sí mismo y pugnando por salir a través de los sueños recurrentes de su infancia. Al final, la infancia es nuestra única patria verdadera, esa que nunca nos abandona, para bien o para mal.
Moonlight es un film intimista. Barry Jenkins nos recuerda con Moonlight a Boyhood, aunque su recorrido vital de un muchacho me resultó más doloroso. Esta vez el protagonista es interpretado por tres actores distintos (Alex Hibbert, Ashton Sanders y Trevante Rhodes), todos bastante creíbles. Jenkins consigue transmitir la lucha interior de personaje pero no logra, quizás no lo busque, emocionarnos. Como espectador, su historia me resultó algo distante. Estamos ante un film valiente y bien facturado pero que no busca la lágrima fácil pero tampoco traspasa la pantalla. No dudo de las buenas intenciones de Barry Jenkins ni de su innegable identificación con el personaje de Chiron, pero su film me dejó algo frío.
Del resto de intérpretes, me quedo con la excelente interpretación de Naomie Harris, muy alejada de su personaje de Moneypenny en la saga de 007 y firme candidata al Oscar. Así mismo Moonlight supone la confirmación de la cantante Janelle Monàe como una actriz solvente tras su personaje en Figuras ocultas.
Lo dicho, buena película sobre lo que supone madurar pero que no me acabó de emocionar, quizás no fuera ése su propósito.
60

Manchester frente al mar (Manchester by the Sea)


Manchester frente al mar puede dar la sorpresa este año en la ceremonia de los Oscars. Sin embargo, que las 6 nominaciones a los Oscars no os confundan, no es un film que agrade a todo tipo de público. No estamos ante una propuesta complaciente con el espectador, todo lo contrario. Avisados estáis. Manchester frente al mar se podría definir como un ensayo sobre el dolor y la culpa. Una historia así podría haberse enfocado como una comedia negra o un lacrimógeno drama con emociones a flor de piel. Pero Kenneth Lonergan se ha salido por la tangente y entrega una propuesta muy contenida y sobria. Quizás demasiado. Tanto que se acerca al radical universo de Giorgios Lanthimos (Canino, Langosta) aunque nunca resulta tan impenetrable.

Que nadie espere salir reconfortado con este film, todo lo contrario. A veces la vida es una mala perra y Manchester frente al mar habla de ello. De cómo un hecho fortuito puede arruinar tu vida irremediablemente. De cómo tu vida se convierte en un inodoro atascado y te deja sin ganas de seguir adelante. Todo ello narrado con un sobrio tono narrativo. Al igual que el helado entorno del film, las emociones de Leee Chadler (Casey Affleck) parecen haberse congelado. No sabemos el motivo, a priori, pero el guión sutilmente nos va dando pistas de lo sucedido hasta que se nos muestra hacia la mitad del film en una desgarradora escena. Es entonces cuando mejor comprendemos al protagonista y surge la empatía hacia este personaje hasta entonces hermético e incomprensible. Todo toma otra perspectiva. Otro desafortunado suceso le obliga a reencontrarse con todo aquello que quiere olvidar, debe volver a su antiguo hogar y a encontrarse con lugares y personas que le evocan una vida anterior más feliz o, simplemente, cuando tenía una vida. Todos los demás han rehecho su vida, pero él es incapaz, sabe que no hay vuelta atrás, solamente le queda la culpa.
Manchester frente al mar es un drama de un hombre devastado por dentro que ha perdido la capacidad de sentir. La culpa lo martiriza y debe seguir viviendo a pesar de no tener ya nada por lo que seguir haciéndolo. Un personaje así de herido necesitaba un trabajo titánico de contención gestual que permitiera transmitir el sufrimiento del protagonista a través de los silencios y miradas perdidas de un gran actor. Y Casey Affleck lo es. El pequeño de los Affleck se rebela una vez más como un tipo sobrado de talento, cierto que su cara aniñada era un hándicap al inicio de su carrera pero ésta ha avanzado a pasos de gigante. Probablemente esté ante el personaje de su vida y no ha desaprovechado la ocasión. Casey Affleck transmite dolor y culpa mientras se erige como el pilar fundamental de la película. Él es Manchester frente al mar y muy posible ganador del Oscar de este año a mejor actor principal.

La relación con su sobrino (Lucas Hedges) se nos antoja como el enfrentamiento entre dos personajes que sufren, no se entienden y no tienen más remedio que convivir, al menos, durante un tiempo. Dicho enfrentamiento podría darnos escenas cómicas pero Lonergan lo evita deliberadamente. A base continuos flashbacks somos testigos de los cambios producidos en la vida de los personajes. Sentimos el contraste y sentimos la pérdida y la ausencia. Manchester frente al mar no deja hueco para la redención, ya es muy tarde para eso. Ni siquiera la fe que parece haber redimido a cierto personaje funciona con Leee Chadler. Todo está perdido. Manchester frente al mar es también un portentoso retrato de la cotidianidad más mundana. Sirva de ejemplo esa escena en la que tío y sobrino no recuerdan donde han aparcado el coche o ese batería que se adelanta. No aportan nada a la trama pero nos acercan a los protagonistas. A pesar de su duro argumento y su metraje (más de 2 horas) el film no aburre gracias a un acertado ritmo y la verosimilitud de las interpretaciones. Interpretaciones de las que destaca, a parte de Affleck, una Michelle Williams en estado de gracia. Ya sabemos que estos papeles lacrimógenos gustan mucho a los académicos, veo justa su nominación a pesar de aparecer poco en pantalla. Por cierto, me llevé una grata sorpresa al reencontrarme con Matthew Broderick, actor al que le había perdido la vista.

Resumiendo, Manchester frente al mar es una sobria reflexión sobre la culpa.
7

Figuras ocultas (Hidden Figures)

La carrera espacial de los Estados Unidos contra la Unión Soviética fue parte esencial de la guerra fría. Ambas superpotencias agudizaron sus ingenios en una carrera para controlar el espacio. Pensemos que en aquella época sin ordenadores todos los cálculos se hacían a mano, por personas de carne y hueso. La carrera espacial es el entorno ideal para ubicar a las tres mujeres protagonistas, que existieron realmente se convirtieron en auténticos ejemplos de superación.

Figuras ocultas es una buena película. Así de claro. Una historia bien narrada, sin estridencias ni moderneces innecesarias por el para mí desconocido Theodore Melfi. Ni siquiera se permite una voz en off ni un flashback. Nada de todo ello es necesario si la historia tiene miga, y Figuras ocultas la tiene. No es un film innovador ni de autor pero es una buena película con una atractiva historia. Pudiera parecer que esta historia es algo del pasado, como si ya no quedaran derechos civiles por los que luchar y ya todo estuviera conseguido. Podríamos pensar que el racismo es una cosa olvidada ya que un afroamericano ha estado durante ocho años en la Casa Blanca. Pero nada más lejos de la realidad. Estos días las asociaciones por los derechos civiles han vuelto a la calle gracias a las reformas que el nuevo presidente Trump pretende llevar a cabo. La conquista por los derechos civiles ha sido un tortuoso camino con no pocos contratiempos y retrocesos. Aún queda mucho camino pero es innegable que mucho se ha avanzado desde el lejano 1961 en el que se sitúa esta película.

Figuras ocultas viene a reivindicar la figura de las mujeres de color que trabajaban como calculadoras en la NASA. No solamente eran mujeres, además eran de color. Lo tenían todo para ser discriminadas pero finalmente se hicieron un hueco. Fue un proceso no exento de decepciones y fracasos pero valía la pena. Ya desde la primera escena nos damos cuenta que el tono de Figuras ocultas no es nunca trágico, no estamos ante un drama racial tipo El color púrpura, sino que Figuras ocultas se sitúa más cerca de la comedia. Una comedia inteligente que busca la sonrisa y la complicidad del espectador. Quizás a muchos resulte chocante tomarse a la ligera un tema tan duro como la segregación racial pero el film se beneficia bastante de este tono de distendida comedia. Al final, el humor es un arma de doble filo. La ridiculización que de los racistas se hace en este film me pareció muy refrescante y necesaria. 

El reparto cumple así como la ambientación y un guión amable que evita los aspectos más escabrosos. El mensaje del film es optimista. Las cosas parecían que iban a mejor en 1962, pero el 1963 mataron al presidente Kennedy (cuya imagen parece dominar casi cada escena desde los retratos) poco más tarde su hermano Bobby y Martin Luther King corrieron la misma suerte. Y luego vino la guerra de Vietnam. Contratiempos que marcaron la convulsa década de los 60 pero no evitaron que las libertades se fueran conquistando gracias al tesón de personas como las tres protagonistas. Como bien dice el personaje más politizado del film, las libertades no se regalan, hay que ganárselas.

La terna protagonista resulta de lo más creíble, tanto Taraji P. Henson y  Octavia Spencer están perfectas. También debo destacar la espontaneidad y frescura que destila la excelente cantante Janelle Monáe (que este año tiene otro film nominado a mejor película, Moonlight). Del resto del reparto me quedo con Kevin Costner (simplemente correcto), una desmejorada Kristen DunstJim Parsons en un personaje no muy alejado del ya mítico Sheldon Cooper de Big bang Theory. 

Realmente estamos ante una buena película con intenciones didácticas y lúdicas pero insuficientes para la nominación a mejor película. Entiendo que la nominación obedece más a las presiones del lobby de color que a los méritos del film, que los tiene pero no creo que merezca tal nominación y mucho menos ganar el Oscar. Para que no acusen a la academia de racista, este año hay varias películas sobre personas de color con importantes nominaciones. Moonlight, Fences y esta Figuras ocultas son una buena prueba de ello.

6,5

HASTA EL ÚLTIMO HOMBRE (HACKSAW RIDGE

 Mel Gibson es un director de lo más singular. Gibson fue una estrella del cine de acción en los años 80 y 90 con sagas como Mad Max o Arma Letal antes de iniciar una más que interesante carrera como director. El éxito estratosférico de Brave heart le encumbró. Sin embargo su siguiente película fue la excelente La pasión de Cristo, rodada en arameo y latín, nada menos. Gibson es coherente en extremo, algo que aplaudo, y se niega a rodar en inglés una historia que no se desarrolló en ese idioma. También rodó Apocalyto en el idioma original de los indios precolombinos. Gibson puede ser un tipo tradicional y algo reaccionario (esas declaraciones sobre el pueblo judío no le hicieron ningún bien) pero es un gran director.

Si los personajes que le hicieron famoso como actor practicaban el nihilismo más absoluto (tanto el detective Riggs de Arma letal como Max Rockatansky lo han pedido todo y ya no tienen fe en nada) sus personajes como director son todo lo contrario. Tienen algo en lo que creer y ese algo les da la fuerza necesaria para luchar contra viento y marea. Sirva como ejemplo el William Wallace de Brave heart que soporta estoico su final en pos de la libertad de su patria. También su Cristo asume su martirio, incluso Garra de jaguar sufre lo indecible por salvar a su familia en Apocalyto. Sus películas emanan un innegable defensa de los valores más universales: la familia, la religión y la patria. Valores que, según Gibson, hacen al hombre mejor. Todo ello está presente también en Hasta el último hombre. Basada en la historia real de Desmond Doss, este héroe de guerra que no disparó ni un solo tiro sirve perfectamente a los propósitos de Gibson. El Desmond Doss, interpretado acertadamente por Andrew Garfield, es un héroe típico de Gibson. Con una fe y una determinación a prueba de bombas Doss que viene a demostrar que el ser humano es más poderoso cuanto mayor es la fe que lo mueve. Las teorías de Gibson son muy discutibles, quizás más que la fe en una guerra sean determinantes la suerte la preparación y el armamento, pero el film funciona.

Gibson va a lo suyo y no se anda por rodeos. Presenta una familia destrozada por la primera guerra mundial que debe ver cómo sus hijos se alistan para luchar en la segunda. Un drama rodeado de una fuerte creencia religiosa y unos principios irrenunciables que chocarán frontalmente con la disciplina militar. Pero Gibson, como buen creyente, cree en la redención y redime a ese padre brutal y traumatizado por la gran guerra a la vez que demuestra la grandeza de las libertades en los Estados Unidos. Cierto, estamos ante un panfleto algo trasnochado que llega varias décadas tarde, pero funciona perfectamente como gran espectáculo. Vaya si funciona. Gibson sabe que la primera parte de su historia no es novedosa, ni lo pretende, y rueda de forma académica una historia mil veces vista. Nada nuevo bajo el sol. Es en la segunda parte del film cuando Gibson demuestra sus dotes como director y narrador, es en la batalla cuando veos brillar a ese Gibson que nos recuerda por momentos al de Brave heart. La guerra es mostrada de forma cruda y sin contemplaciones, casi rozando el gore. La guerra es el infierno en la tierra (y así es mostrado) en el que el verdadero creyente pone a prueba su fe. Gibson nos brinda las que quizás sean las mejores escenas de guerra desde Salvar al soldado Ryan. Cierto que el retrato de secundarios deja un poco que desear y algún personaje como el hermano del protagonista desaparece sin más, pero el film engancha. Yo pasé un rato de lo más entretenido con esta historia algo rancia a mayor gloria de las personas con fe.

No contento con narrarnos la historia como si de la vida de un santo se tratara (alguna escena parece su ascensión a los cielos), Gibson recurre a entrevistas a los protagonistas reales e imágenes de archivo, como si el espectador necesitara de esas imágenes para acabar de creérsela.  A mí me resultaron redundantes, la verdad.

A pesar de su tono casi pastoral y algo pasado de época, el film está muy bien rodado (en especial las escenas de batalla) y entretiene. 

La ciudad de las estrellas (La La Land)


¿Tiene cabida un musical como La La Land hoy en día? ¿No son los musicales cosa del pasado?  Hay que ser muy ingenuo para creer que el público va a acudir en masa a las salas de cine para ver una película en la que los personajes se ponen a cantar sin venir a cuento cada dos por tres. Una cosa son los films animación de Disney tipo Frozen y otra es un musical con actores de carne y hueso. Que la gente ya no traga con esos musicales de antaño que de tan cursis y pedantes casi quedaban bien. Que la década dorada de los musicales pasó hace medio siglo. Esa contagiosa alegría de sus canciones y esa esperanza de que los sueños podían hacerse realidad ya nunca volverán a las pantallas de cine. Ya únicamente se ven ocasionalmente musicales basados en adaptaciones de musicales teatrales tipo Los miserables.
Y sin embargo, La la land es un musical, un estupendo musical. Contra todo pronóstico, Damien Chazelle (autor de la excelente Whiplash) lo ha conseguido. La La Land es la prueba fehaciente de que el musical sigue vivo contra viento y marea. El cine es, aparte de un negocio, la capacidad de hacernos soñar y hay que reconocer que los musicales eran especialistas en ese territorio. La La Land me dejó boquiabierto con su escena inicial. Ese monumental atasco que se transforma en una asombrosa escena musical rodada en una única toma me parece todo un prodigio y bien merece por ella sola el Oscar a mejor película del año. La planificación, la dirección y la coordinación son asombrosas. No es que los bailes hagan alarde de una gran coreografía ni los bailarines sorprendan por su técnica, pero la escena apabulla por su ejecución y su ritmo. A todo ello contribuye esencialmente la música de Justin Hurwitz (colaborador de Chazelle en Whiplash), su partitura es otra segura ganadora de este año y un clásico desde ya.
Tras su espectacular arranque el film o decae en ningún momento. Como todo musical, los sueños y la realidad se confunden y uno no sabe exactamente cuando van a ponerse a cantar los personajes, pero no nos importa. Las canciones son tan contagiosas y pegadizas que tras la primera escucha ya no puedes quitártelas de la cabeza.
Por mucho que se diga que el Jazz está muerto, Sebastian (un Ryan Gosling algo menos inexpresivo que de costumbre) es un consumado pianista de Jazz que persigue su sueño de abrir su propio local aunque para ello deba tocar en bandas que no son de su agrado. Por otro lado, Mia (una Emma Stone simplemente maravillosa) trabaja de camarera en busca de su oportunidad como actriz. A pesar de ser rechazada en decenas de castings no parece perder la esperanza.
Cierto que parece que la historia de amor entre Gosling y la sensacional Emma Stone va a ser la típica historia de amor de chico conoce chica y tal, pero aquí reside otra genialidad de La la land. El romance entre ambos personajes ocupa la primera hora de la película. Sin embargo, a partir de este punto el film continúa y se adentra ahí donde las películas no suelen hacerlo, en el día después. Es esta segunda parte la más madura y la menos fantasiosa, la que nos enfrentará a la realidad. No es La La Land la típica historia de amor con forzado happy end que incluye cientos de extras en Technicolor. No. La la land habla de la necesidad de luchar por lo que amas y le intentar lograr tus sueños a toda costa pero también de la necesidad de madurar. Al fin y al cabo, madurar es asumir que la felicidad no existe más allá de momentos concretos. Los sueños son una meta a conseguir, pero quizás alcanzarlos suponga demasiados sacrificios. Todo ello aderezado por excelentes números musicales y alguna escena de esas en las que a uno se le encoge el corazón.
Obviamente el apartado técnico está cuidado al límite, la fotografía homenajea a esos viejos musicales en Cinemascope rodados es Technicolor (aunque La La Land haya sido rodada en Panavision). Son más que evidentes los guiños a musicales como Bailando bajo la lluvia, Un americano en París o los clásicos de Fred Astaire y Ginger Rogers. Chazelle rueda las escenas musicales en largos planos secuencia que obliga a todo el elenco de actores a no cometer ningún fallo. Ni Goslin ni Stone tenían experiencia previa en musicales ni habían cantado ni bailado nunca antes. Su trabajo es excelente, ni cantan ni bailan especialmente bien, pero suplen sus carencias técnicas con sobrada convicción. Realmente la pareja funciona y tiene una química desbordante. ¿He dicho ya que Emma Stone está insuperable? Qué lección de registros demuestra esta joven actriz. Ya debieron de darle el Oscar por Birdman pero ahora no se lo va a quitar nadie.

Otro aspecto a destacar es la ciudad de Los Angeles como secundario de lujo. Chazelle nos presenta una ciudad de Los Ángeles totalmente idealizada, una ciudad en la que los sueños son posibles, por algo es la meca del cine. El reflejo de la ciudad nos retrotrae a la época dorada de los años 50 con esa fotografía saturada de color. Nada es causal, ni los colores del vestuario ni el más mínimo detalle. Todo tiene su significado en La la land. Igualmente Chazelle inunda su película de una fina ironía y una profunda nostalgia por un tiempo pasado que ya no volverá.

Lo dicho, un clásico desde ya. No se la pierdan

PASAJEROS (PASSENGERS)

Pasajeros es un blockbuster cuyo principal atractivo de cara al gran público es la presencia de Jennifer Lawrence y Chris Pratt. Ellos son las estrellas de este blockbuster romántico-espacial que parece escrito para su lucimiento. Para dirigir este proyecto se eligió al noruego Morten Tyldum quien sorprendió gratamente con el film Headhunters y confirmó su buen hacer con The imitation game. Sinceramente, En Passengers no se nota que haya personalidad ninguna tras la cámara. Como la nave Avalón del film, todo parece ir en piloto automático y sin mayores sobresaltos. Tyldum cumple, nada de innovar o sorprender, y entrega un blockbuster que será un gran éxito de taquilla, pero no deja intuir su personalidad. Lo que se inicia como una estimulante película de ciencia ficción va mutando a una correcta comedia romántica. Objetivo cumplido. Passengers es un film correcto que se deja ver y entretiene lo justo. Es un blockbuster cuyo mayor reclamo son sus dos protagonistas, unos guapos Jennifer Lawrence y Chris Platt convertidos en un sucedáneo espacial de las grandes parejas del celuloide de los que distan años luz. No están mal, cumplen y poco más. Al menos, hay cierta química entre ellos.
En mi opinión, a la peli le falta algo de dramatismo y profundidad. Cierto que se plantean ciertos dilemas morales pero son abordados muy superficialmente. Es como si pensaran que el gran público no quiere pensar demasiado. Con unas caras bonitas, buenos efectos especiales y un buen diseño de producción ya tenemos un blockbuster de manual. Una pena que Passengers no ahonde más en las profundidades del alma humana ni las relaciones de pareja. Se queda en la superficie y no va más allá. Yo hubiera apostado más por la ciencia ficción y menos por el romance. Todo lo referente a la soledad del personaje de Chris Pratt me recordó al Adán bíblico que le pide a Dios una compañera. Pasengers no deja de ser una actualización de Adán y Eva trasladados al espacio. Yo me hubiera inclinado por un desarrollo menos convencional (empezando por otra pareja de protagonistas menos atractivos) cuyos resultados hubieran sido mucho menos gratificantes para el espectador aunque quizás mucho más interesantes. Por cierto, si los protagonistas son Adán y Eva ¿quién sería en el film la figura de Dios? Creo que es un aspecto que apenas se intuye en el film pero el super ordenador de abordo despierta al personaje de Chris Pratt ya que le necesita para un fin concreto. Una interesante metáfora que el film lamentablemente no explora.
Viendo Passengers me vinieron a la mente multitud de clásicos de ciencia ficción como 2001, Solaris, Naves misteriosas, Gravity, Alien o Moon. Incluso me vino a la mente El Resplandor (ese bar y ese barman parecen sacados directamente de las pesadillas de Jack Torrance). Pero el guión de Passengers no alcanza el nivel de ninguna de ellas, usa referencias de sobra conocidas para crear un refrito sin demasiada personalidad. Sirva como ejemplo la inclusión del personaje de Lawrence Fishburne, está metido a presión para que haga de catalizador de la historia cuando parece que ha llegado a un punto muerto. Un recurso facilón que hace que el espectador sospeche que su inteligencia está siendo puesta en duda. Un error de guión que pretende edulcorar la historia y dar el impulso necesario hacia un forzado y previsible final. Cosa que consigue solamente en parte.


Lo dicho, entretiene lo justo y no deja huella.

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